Desmejoro por saberte toda dulce, siempre alada.
Y presiento la carga de tus no presencias.
¡Ja! El pulso que tiembla en un tres por cuarto.
No hay forma de evitar que deje de chorrear esta pena.
Es como buscar el vacío en un puño cerrado.
Escondites entre una, dos, tres palabras mal pensadas.
Hoy cruzo la línea de inocentes y culpables.
La cruzo hasta la puerta de esa que no es tu casa.
Del destino no me hables nunca, para eso ni me hables.
Puedo sudarte y sangrarte a chorrones en otras personas.
En este, el árbol que no respira, que no crece.
En el árbol al que me trepé, el de los no perdones.
Sé que sabés que sé si no sabés el por qué de las razones.
Pero no te creas que soy idiota simplemente porque vale.
Soy idiota por concenso ajeno ¡Qué ser idiota!
Pero idiotas los dos, idiota vos, idiota hasta tu madre.
Esta tarde tuve un sueño verde en el centro de mi estómago.
No recuerdo el comienzo, ya no recuerdo el comienzo.
No, tampoco importa, si al final me trajo a esta noche.
Me desformo por completo en esta cadena de melodías.
Me deshago de los pies, de los febreros, de la poesía, de tus átomos.
Todavía quiero tirarte del pelo, hacerte cosquillas, lavarte la cara.
Todavía es un sin fin para enviciarme por momentos.
Entonces trabajo de afuera para adentro.
De afuera para adentro.
De afuera para adentro.
De afuera para adentro.
De afuera para adentro.
De afuera para adentro.
Y desmejoro por saberte dulce, siempre alada.
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